23 agosto 2008

245. Culturetas

Dicen que los cántabros tenemos dos caras, que somos, en definitiva, más falsos que Judas. Y aunque las excepciones son como las meigas, que haberlas, hailas, lejos de echar balones fuera cada vez estoy más convencida de que este principio define nuestra particular idiosincrasia.

En el tema cultural, por ejemplo, totalmente desconocido para quien ha estado más de una década fuera de la región, esta condición que parece reinar en nuestro carácter, y del que incluso somos conscientes, siempre en petit comité, claro, por aquello del qué dirán, se cumple a rajatabla. Aunque seas un recién llegado, si algo se percibe en este ámbito, sin excepción de parcelas concretas o disciplinas, es un descontento generalizado de muchos de estos culturetas que, atrincherados en el púlpito del prestigio, se sienten aupados en un ficticio Olimpo.

Y es, precisamente desde ese pedestal, que cuanto menos les reporta un nombre, desde donde hablan, opinan, debaten y comentan lo que se cuece en la vida cultural santanderina. A veces, y recalco el a veces, hasta son capaces de criticar, de forma somera y nunca hablando de denunciar, que sería una utopía, aquellos aspectos que podrían ser mejorables. Pero siempre, repito, con la moderación como bandera, no sea que la mano que les da de comer no encuentre el comentario de buen gusto, se de por aludida, se plante y, finalmente, se acabe el chollo que, en definitiva, supone el mercado de la cultura, donde, para qué engañarnos, la compra y venta de voluntades está también a la orden del día.

El miedo a ser vetado, a no recibir esa ayuda, esa subvención… el miedo, en definitiva, a no ser comprado para poder seguir alzado en el pedestal de la supuesta fama, invita también en la cultura, y a pesar de que siempre habrá quien se rasgue las vestiduras, a bajarse los pantalones y recurrir, cuando la cosa se complica, al manido donde dije digo, digo Diego.

Ahora bien, detrás de esa apariencia gentil y de ese anonimato al que somete el off the record se esconde una revolucionaria realidad que despotrica contra una actividad cultural y unos gestores a años luz de distancia de lo que sería, siempre según su criterio, racionalmente aceptable.
«Por lo visto, presuntamente, me han dicho que, según tengo entendido»… hoy yo tampoco seré la kamikaze de estos patriarcas culturales, hay mucho que cambiar en la vida cultural cántabra. Muchos desfases, mucha programación carpetovetónica, en definitiva, mucho fraude. Al menos, eso dicen por lo bajini quienes desde sus respectivas tribunas elogian o, incluso critican, aunque de pasada y en vuelo raso, lo que se cuece en estas latitudes.

Quizás el problema sea nuestro, de los ciudadanos de a pie que hemos arropado la labor de unos críticos que no han sabido subirse al tren de la honestidad, y ya no por la satisfacción moral de cumplir con un prójimo que le ha otorgado su confianza y que, a cambio, espera recibir su sinceridad, sino por esa imperiosa necesidad de ser honesto con uno mismo.

Si es que ya lo decía mi madre, andaluza de nacimiento pero cántabra de adopción y consciente de nuestra realidad: «De lo que veas la mitad y de lo que te digan ».

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gemi, me dejas pasmada, cada día te superas más y más. Pero qué bien escribes. Pronto te darán una columna para tí en el periódico, como Umbral y esta gente. Enhorabuena.
Por cierto, supongo que te quedarías esperando mi llamada para quedar en Huelva o en La Antilla. Lo siento, soy mu despistá.. y al cambiar de teléfono he perdío tu número. Así que me lo tienes que dar de nuevo.
De todas formas estaba complicado, ese día llegamos tarde y no llevábamos nuestro coche. Aún así, espero y confío en que no tardemos mucho en vernos.
Muchos besos y que la suerte te siga sonriendo.

Lorenilla