Si hace unos años, y no hace tantos, me hubieran dicho que iba a hacer al menos dos viajes 'organizados' cada año no me lo hubiera creído.
Salir de la guarida siempre está bien, hacer viajes de ida y vuelta a una ciudad a 500 kilómetros de la tuya es un privilegio reservado para unos pocos y si encima, todo eso es by the face y forma parte de tu curro la situación podría ser calificada por muchos como idílica.
Yo, no llegaría a tanto. Idílica, lo que se dice idílica no es. Tienes que andar pendiente de un reloj, atenta de ir y venir a donde te digan, sin casi tiempo para respirar y con el lastre de tener que compartir todo lo vivido o experimentado a la vuelta.
Sin embargo, parece que voy haciendo callo. Este año ha sido diferente al año pasado. Me lo he tomado con la tranquilidad de quien ya comienza a avituarse a estos excesos, porque si, ante todo es un exceso y un gasto para mí totalmente innecesario pero ya que estamos, habrá que disfrutarlo, no?
Hoy, a diferencia del año pasado, conocía a casi todos mis compañeros de aventura. A unos más que a otros por supuesto y también había alguno al que aún no tenía fichado. Ha sido un día interesante. Para mí que las palabras no son mi fuerte, que las conversaciones largas me agotan, hoy he podido entablar una y larga, aunque algo forzada, con una de las primeras personas que conocí cuando volví aquí. Un par de cervezas y una barra de bar. Una charla intrascendente y de nuevo el vacile. Me encanta intentar hacerle ver que para mi no es ningun dios, que no le envidio en absoluto y que le voy a llevar a mi terreno, al de las palabras sin artificio.
El 'señorito', como sus propios lacayos le llaman, hoy ha tenido a bien dirigirse a mí, aunque casi mejor que no lo hubiera hecho. Total, para preguntarme que me pasaba en la barbilla... no es cómodo para mí tenerle enfrente, aunque me gusta mantener con él una actitud no desafiante pero sí de yo me limito a hacer mi trabajo y si tu no lo haces bien, mi deber, mi ética profesional, me empuja a hacerlo saber. Casi prefiero que me ignore. No me gusta ese dicho que dice que la gente tiene que hablar deti aunque para mal, prefiero pasar desapercibida pero llega el punto que no lo consigo. La etiqueta está ahí y a veces hasta me gusta, sí, para que negarlo. Si la gente supiera el ambiente de trabajo en el que me manejo, muchos cambiarian sus percepciones.
UN viaje relámpago del que ahora comienzo a notar sus efectos. Estoy reventada pero ha sido un buen día. Sin agobio, sin estrés, intentando disfrutar a sabiends de que nada de lo que iba a contar iba a ser interesante.
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